Desde hace mucho tiempo me pregunto por qué las aulas de educación infantil parecen ser las únicas bien diseñadas para la educación integral y creativa. Tienen espacios diversos, pero todos ellos integrados en la misma atmósfera. Hay mesas para poder sentarse en grupos y verse las caras, para compartir los materiales y aprender a trabajar en equipo. También hay rincones con distintos sentidos educativos e inspiradores de juegos. Incluso suele haber alguna casita o tienda de campaña donde esconderse y jugar aprovechando la intimidad que ofrece. Todas las paredes están decoradas con las producciones del alumnado, auténticas obras de arte; y con pósters animados y coloridos.

Eso sí, el espacio que más me gusta es el destinado a la asamblea, con suelo mullido y cojines o bloques de gomaespuma, donde sentarse, mirarse y compartir experiencias. Es un rincón tan versátil, que hasta permite realizar sesiones de mindfulness.

Algunas aulas también cuentan con espacio y materiales para psicomotricidad, biblioteca de aula, un rincón para la mascota de clase o para cuidar algunas plantas. Por último, me fascinan las aulas que tienen rincón emocional, donde se verbalizan emociones y se aprende a identificar sentimientos.

Algo que me resulta común en todas ellas es que transmiten alegría. Están llenas de color, … en ellas se puede pintar, bailar, contar cuentos y relajarse. Los niños pueden levantarse y moverse durante las actividades sin ser sancionados. Los materiales invitan a crear y a aprender haciendo. Actualmente, también hay muchas aulas con pizarra digital, proyector conectado a la red y tablets. Los recursos pueden variar, pero el espacio siempre invita a experimentar, crear y compartir.

Con tanta diversidad de actividades y momentos lúdicos, la evaluación no ocupa tiempos específicos y la estrategia que se impone es la observación participante cualitativa. La mirada evaluadora se dirige a facilitar el desarrollo y a valorar los procesos.

Y lo más importante, a mi modo de verlo: estos contextos invitan a expresar intereses y emociones, … con libertad. La acción educativa se mueve a través del interés, de la curiosidad y del juego.

Entonces…, si es posible diseñar y construir espacios educativos tan maravillosos como los de Infantil, ¿por qué se cambia el modelo a partir de primaria?

Al cumplir 6 años, ¿se aprende mejor sentado toda la mañana en el mismo sitio?

Y en el primer ciclo de primaria aún se perciben atisbos de creatividad en las paredes, pero conforme se avanza de curso, los espacios se van tornando monocromos y lo que se impone es que cada niño o niña tenga su mesa y su silla como único lugar donde situarse en el aula.  

Mi propuesta de espacio educativo es un aula diseñada para el aprendizaje en cualquier etapa, desde primaria hasta la universidad y la formación profesional, manteniendo los mismos principios que fundamentan los espacios utilizados en educación infantil. Las bases que fundamentan mi diseño, por tanto, no son novedosas, sino importadas. Son adaptaciones de lo que, como ya he explicado, existe desde hace tiempo en nuestros centros para que el aprendizaje sea divertivo, visual, en movimiento y comunicativo. Se trata de que el espacio facilite que docentes y alumnado estén situados a la misma altura y puedan moverse con libertad, facilitando la horizontalidad de roles y dinámicas constructivas.

Es preciso que haya distintos lugares dedicados al uso de metodologías variadas pero todos ellos integrados visualmente en un mismo espacio abierto, sin barreras visuales. Y dentro del mismo, sería interesante que hubiera distintas opciones para colocarse en función de la comodidad individual para trabajar: en el suelo, en asientos bajos, en sillas, tabueretes altos o de pie.

Por otro lado, sería necesaria la diversidad en el uso de materiales para tomar notas y mostrarlas, los expositores, las mesas y sillas móviles e intercambiables, los ordenadores y otros dispositivos digitales. No menos importante es la necesidad de que haya red wifi de calidad y enchufes suficientes para los cargadores de los portátiles.

Volviendo a la descripción del espacio, habría que amueblarlo creando diferentes rincones. Por un lado, tendría que haber un lugar para sentarse cómodamente a charlar, buscar información y compartirla utilizando dispositivos digitales. Tendría bloques de gomaespuma y colchonetas.

Otro ricón sería con mesas redondas y taburetes altos para estar en posición entre sentado y levantado, facilitándose la proactividad. Este sería el rincón de estructuración de ideas, conceptualización y diseño. Sería necesario poder conectar a la red los portátiles con comodidad, y contar con un expositor tamaño póster y una pizarra magnética.

El tercer espacio estaría destinado a visualizar las presentaciones creadas por el profesor, los vídeos recomendados y los productos digitales de los compañeros. Se necesitaría una pantalla de pared con proyector o un monitor grande, así como sillas y mesas situadas en U.

El cuarto rincón sería para grabar audios y vídeos como evidencias de lo aprendido. En este espacio se necesitaría tecnología para cumplir con su función: cámara, trípode, fondo personalizable y focos de luz adecuados.

Por último, dejaría un lugar para realizar meditación individual o en pequeño grupo, con varias plantas naturales bajo responsabilidad del alumnado y con un reproductor de música. Los estudiantes tendrían que hacer uso de este rincón por turnos y organizarse para el cuidado de las plantas.

Este espacio se podría adecuar a cualquier curso, como ya he dicho, pero por mi experiencia profesional, lo imagino para un aula de una Facultad de Educación. En ella, el futuro profesorado aprendería a educar a través de la vivencia. No se aprende a diseñar un contexto creativo de aprendizaje escuchando al docente, viendo una presentación, tomando apuntes y estudiándolos para un examen. Por mucho que la clase sea magistral y verse sobre metodologías activas. Para concluir, sería fundamental que las paredes fueran decoradas por los propios estudiantes. La personalización del espacio en el que el grupo va a convivir y permanecer durante su formación es un ingrediente importante para forjar sentimientos de pertenencia al grupo y al centro educativo. El objetivo es que los estudiantes sientan el espacio como suyo. El aula de la Facultad que imagino no debería ser un lugar de paso, sino un contexto donde aprender con pasión y reforzar la vocación.